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Mascarón de Proa

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El mascarón de la Esmeralda

En la Proa y bajo el Bauprés se encuentra este tripulante permanente que ha acompañado por los mares del mundo a generaciones de marinos el Cóndor, ave heráldica que forma parte del escudo nacional, constituye el mascarón de proa del Buque Escuela de la Armada de Chile.

Es el vigía en la proa, es el talismán que ayuda a tener buenas singladuras, es el único tripulante que nunca ha pisado un puerto, porque permanece vigente en su atalaya, que es el buque. El ha sido testigo de muchas alegrías y penas, de ocasiones solemnes y otras habituales, de amores efímeros y otros duraderos, de más 90 recaladas, de más 165 puertos de 64 países.

Los mascarones son figuras decorativas generalmente talladas en madera, ornamentadas o pintadas según la jerarquía de la embarcación. Servían como identificación tanto del buque como de la sociedad a la que pertenecía. También tiene un origen mítico, desde los Vikingos que colocaban figuras totémicas para espantar malignos espíritus marinos hasta los griegos y fenicios con representaciones de dioses para darles confianza al emprender sus aventuras.

Los siglos XVI al XIX fueron épocas de auge en la construcción naval así como en la creación de mascarones tallados en madera. Sus formas, mitad humanas y mitad animales, simbolizaban dioses y mortales. También poseen figuras femeninas o de viejos corsarios, todas ellas de un gran valor decorativo y muy pintoresco que reflejan toda una tradición marinera y a la sociedad de la época, pero con la aparición de los buques de acero durante la Primera Guerra Mundial fueron cayendo en desuso.

Son representantes de la navegación a vela y los grandes buques de casco de madera; de la época del descubrimiento, las conquistas y las grandes batallas navales.